viernes, 29 de septiembre de 2017

La profesión... una forma de ser.

Ser maestro. Por unos lados se habla de algo muy cómodo, por otros de algo muy sencillo y unos más hablan de, el peor trabajo del mundo. Quizá todos tengan algo de razón, sobre todo porque hay una parte que ignoran de la realidad de las escuelas en particular y del Sistema Educativo Nacional en general.

Empezamos con la realidad de un salón de clases sonde conviven por lo menos 30 realidades distintas en cada uno de los pupitres que observamos desde el escritorio, cada uno con un pensamiento y una forma de vida que promete mucho para un país en constante desarrollo como el nuestro, así pues también se mezclan por lo menos 30 realidades familiares de las cuales solo se conoce una parte por medio de las manifestaciones en el comportamiento de los niños y adolescentes que se presentan al pase de lista; ¿Cómo lidiar con todas?, si no es con magia no sé cómo se logre.

De hecho si no tuviera ya casi 10 años de experiencia docente, creería que efectivamente es un conjuro maligno que hace atender a cada uno de los estudiantes como tal y te convierte en el tiro al blanco de sus frustraciones y de las frustraciones de sus padres; las calificaciones son un arma de dos filos con las que obtienes tu credibilidad como docente, y a su vez son el rifle con el que padres cegados por el ego y madres sobreprotectoras te acusan de incompetencia y hasta negligencia con sus hijos.

En el extremo de la nota roja, se han publicado artículos de agresiones extremas en los salones de clases donde el hartazgo de lidiar con la personalidad conflictiva de los adolescentes se condensa en encabezados que describen lamentables hechos dignos de una película de otro país: "Balacera en centro escolar", "Asesinan a profesor", y eso por solo hablar de los más escandalosos. La gente se asusta y se pregunta cómo es que pudo pasar... si supieran lo que no se publica más allá de su mediático Bulliyng.

Narcomenudeo entre cambio de clases, sexting en a la hora de ir al baño, violaciones en la hora de la salida, pistolas en las mochilas, navajas entre los cuadernos, todo un mundo de hechos retorcidos que dejarían con la boca abierta a más de un ciudadano alejado ya de sus días de escuela. Pero aquí seguimos, mirando al frente y siendo firmes en la ciega creencia de que es solo la educación aquello que nos hará un país libre y con mejores oportunidades, aunque el sueldo y las prestaciones nos reflejen lo contrario. Una forma de ser, una fe que nos lleva año con año a estar en el pizarrón enunciando más que una clase, una forma de vida entera, una forma que se compromete con el conocimiento y con el valor de ser y de hacer, creyendo que éste es el momento de cambiarlo todo.



Hasta la próxima clase.

No hay comentarios:

Publicar un comentario